Sobre la mesa está la moneda
salpicada la cara de cruces,
nos espera la noche siguiente.
Yo no quiero que me toques
sin tu mirada de doble o nada,
así es la desgracia y así es el amor.
Tal vez sepamos ganarnos bien
si no miraras y yo acertara;
tu risa va de mano en vano.
Por mil besos fríos al oído
he oído al frío dar mil besos.
Bienvenido a este mundo extenso y perpetuo , donde escribir es sólo latidos y el tiempo convierte este espacio en una hoja inmensa donde volcar un pedazo de alma.
ResponderEliminarGracias por compartirlo.
Te quiero.